El Despertar de las Manos de Tierra: Crónica de un 8M en la Feria de Rengo

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Eran las cinco de la mañana y Rengo aún dormía bajo un manto de neblina que bajaba desde los cerros de **Popeta**. Sin embargo, en la calle **Arturo Prat**, el silencio ya se había roto. No por el ruido de las máquinas, sino por el golpe seco de los cajones de madera y el murmullo de las mujeres que, como cada 8 de marzo, no pedían flores, sino el derecho a seguir sembrando futuro.

**Doña Rosa**, con sus 70 años a cuestas y las manos marcadas por décadas de cosechar duraznos y tomates en las tierras de **Rosario**, acomodaba sus productos con una delicadeza que contrastaba con su fuerza. Para ella, el Día de la Mujer no se celebraba con cenas elegantes, sino con el orgullo de ver a su nieta, una joven estudiante de agronomía, ayudándola a levantar el puesto.

> «Mi abuela siempre decía que la tierra no distingue géneros, pero la sociedad sí. Ella me enseñó que ser mujer en Rengo es ser como el sarmiento de la vid: flexible ante la tormenta, pero firme en la raíz.»

A medida que el sol comenzaba a calentar los adoquines, la **Feria de Mujeres Emprendedoras** en la Plaza de Armas cobraba vida. Allí, el aroma a cilantro fresco se mezclaba con el de las mermeladas caseras y los tejidos de lana virgen. Cada puesto era un altar a la resistencia. Estaba la mujer que, tras quedar viuda, sacó adelante a tres hijos vendiendo flores; la joven que transformó el dolor de la violencia en artesanía; y la dirigente vecinal que no descansa hasta que su calle tenga luminarias seguras.

El momento más emotivo de la jornada ocurrió al mediodía. Entre el bullicio de los compradores, las mujeres de la feria hicieron un alto. No hubo discursos ensayados, solo un círculo de manos entrelazadas. Recordaron a **Elena Gálvez**, la legendaria «abuelita de la bicicleta» de El Cerrillo, quien hasta sus 99 años recorrió los caminos de Rengo repartiendo sonrisas. Su espíritu parecía sobrevolar la plaza, recordándoles que la libertad también se pedalea.

En el sector de **Las Torres**, las mujeres rurales también alzaban su voz. A través del documental *»Mujeres Rurales, Relatos y Saberes»*, compartieron sus historias de soledad en el campo, pero también de la inmensa sabiduría que guardan sobre las semillas y los ciclos de la luna. Fue un reconocimiento a esa labor invisible que pone el pan en la mesa de todo Chile.

Al atardecer, la feria comenzó a desmontarse. Las camionetas cargadas de regreso a los sectores rurales llevaban menos mercadería, pero más esperanza. Rengo se quedaba en silencio otra vez, pero con una certeza vibrando en el aire: mientras haya una mujer dispuesta a hundir sus manos en la tierra o a levantar su voz en la feria, la historia de esta ciudad se seguirá escribiendo con tinta púrpura y aroma a campo.

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